El beso (1907 – 1908)

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Gustav Klimt

“No tengo el don de la palabra escrita ni de la hablada, especialmente si tengo que hablar sobre mí o de mi obra. Quien quiera saber algo de mí debe analizar cuidadosamente mis cuadros e intentar descubrir en ellos quién soy y qué quiero hacer”.

Der Kuss, en su alemán original, es quizá una de las obras más famosas del pintor austríaco Gustav Klimt, perteneciente a su gran época dorada, es un óleo sobre lienzo de 180 x 180 cm, realizado entre 1907-08.

Gran admirador de los íconos y mosaicos bizantinos, amaba pintar el cuerpo femenino, Klimt vivió libre de las inhibiciones de su época, tuvo infinidad de amantes pero su gran amor fue la bellísima Emile Floge, quien fue su compañera por 27 años.

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La obra presenta dos figuras humanas – hombre y mujer – en un envolvente abrazo, donde las líneas que limitan ambas formas se desvanecen y los cuerpos se funden en el otro, el erotismo enmarca la unión.

Las vestiduras del actante masculino posee formas rectas en su mayoría, representando fortaleza, un supuesto dominio por parte de éste, el actante femenino, por su parte, viste con formas donde prevalecen los trazos curvos, doblegados y sensuales, en ambas vestiduras se nota la presencia en menor medida de la forma contraria, representando y afianzando así la unión del hombre y la mujer. Sin embargo, en una lectura más detallada es posible percatarse de los gestos realizados por los personajes, la mano femenina que sujeta el cuello del hombre, los pies de la mujer en el borde mismo donde se desvanece la alfombra de flores testigo de la unión y comienza el abismo, ambos – manos y pies – crean formas curvilíneas, contrarias a las manos del hombre, claramente rectas y firmes.

Tal abismo pudiese representar el peligro que encierra el amor entre los personajes, así como lo efímero de la vida, marcando el límite de la felicidad.

El dorado que abarca gran parte de la composición le da un aire sagrado a la obra, le otorga divinidad, así esta fusión de hombre y mujer adquiere un significado divino, una unión en cuerpo y alma.

Las identidades de los modelos permanece desconocida, pero se cree que bien podrían ser los mismos Klimt y Floge, quien fuese su musa en un sinfín de obras anteriores.

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Cien años de soledad (1967)

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Gabriel García Márquez

En la vida de Márquez se encuentran numerosos hechos resaltantes que se repetirán a lo largo de todas sus obras, ya sea representado por una persona, cosa o comportamiento particular. Así, Cien años de soledad muestra en parte el conflicto político entre conservadores y liberales, que sucedía en la juventud del autor.

Macondo, pueblo creado por el escritor, posee características geográficas semejantes a las del pueblo natal de Márquez, en Colombia. Por los hechos referidos la historia se sitúa entre mediados del siglo XIX, hasta mediados del XX aproximadamente.

Macondo representa un mundo idealizado, todos viven en armonía y con justicia natural, sin ningún gobierno que los dirija. Pero al llegar las innovaciones y la política todo va decayendo, en Macondo – donde nadie había muerto – comenzaron las tragedias. Liberales y conservadores se daban muerte entre sí, involucrando al pueblo y, paulatinamente envolviéndolo en el abismo oscuro y sangriento de la política.

A lo largo de la historia Márquez va involucrando hechos reales a la realidad fantástica de la historia, hechos como la disputa conservadores – liberales, la masacre de los bananos, entre otros, y la verdadera realidad no contiene sino males que destruyen la creada.

El autor crea una civilización de la nada, Macondo no existe en la realidad, narra el génesis de este pueblo, el desarrollo y su final, donde todo queda como comenzó: en la nada.

La obra presenta dos realidades, las cuales se desarrollan paralelamente y, al final, se unen en un solo apocalipsis; una es la de Macondo y su historia y otra es la de Aureliano Babilonia leyendo dicha historia, la realidad primera. Así es como existe una narración dentro de otra, de estructura cíclica, regresando varias veces al inicio, la misma Úrsula lo ha dejado entrever al mencionar que siempre se repite la misma historia, pareciera que la personalidad se heredase de generación en generación, ocasionando los mismos desenlaces.

El ejemplo más representativo y recurrente son las personalidades e historias de los José Arcadios y Aurelianos de la familia Buendía, donde los primeros son siempre impulsivos y de gran fortaleza física, mientras que los Aurelianos son retraídos y silenciosos, pero siempre poseedores de una inmensa lucidez.

Hay un caso que presenta la excepción: los gemelos José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo, los cuales poseían la personalidad correspondiente al nombre contrario. Úrsula tenía la creencia de la confusión de los gemelos al nacer. Al morir los gemelos, son “confundidos”, y enterrados en la tumba del otro.

¿Será esto un hecho fortuito sin importancia alguna o, por el contrario, guarda un simbolismo al igual que muchos otros hechos aparentemente casuales? Todas las obras de este autor guardan símbolos que aparentan cotidianidades sin importancia, como por ejemplo: Amaranta pasa toda su vida tejiendo, el tejer representa una espera, en su caso, interminable. Este personaje muere sola y virgen, esperando siempre al hombre perfecto que no llegó nunca, Pietro Crespi no lo fue, tampoco lo fue Gerineldo, y es que en realidad ella se había resignado ya a la soledad y había desechado toda esperanza de hallar el amor. Así le dijo a Gerineldo; ”ya estamos muy viejos para esto”, escogiendo sin remedio el camino solitario que acompaña a todos los Buendía.

Por ello, que los gemelos fueran intercambiados al nacer y luego, nuevamente, al morir no presenta un hecho fortuito. La obra en sí posee un comienzo y un final donde todo vuelve al inicio, la historia es cíclica, el intercambio ocurre a raíz de la necesidad intrínseca de la realidad para que todo sea al final como era originalmente en un comienzo, la armonía de la estructura permanece en todo momento.

Un rasgo bastante impresionante que posee esta obra es el conseguir incluir al lector en la misma, sumerge a tal punto en la historia que no extraña la inserción de hechos fantásticos propios al realismo mágico que caracteriza las obras de García Márquez, convirtiendo sucesos imposibles e increíbles en algo totalmente natural y cotidiano.

Un hecho resaltante es la posibilidad de volver a la vida, tal como hace Melquíades, aunque en realidad este personaje presenta muchas particularidades que lo hacen singular; tenía alguna especie de súper poder, una sabiduría colosal y, además, era el escritor dentro de la historia, lo que lo convierte en un ser omnipresente y omnisciente, él lo sabía todo, y podía aparecer y desaparecer a conveniencia.

Mediante él y Prudencio Aguilar se hace evidente la soledad que otorga la muerte, por ello regresan continuamente al mundo de los vivos.

Y es, en todo caso, esta soledad la que podría considerarse la verdadera protagonista de la novela, pues es la constante. Mientras todos los personajes se van y regresan, mueren y reviven, la sensación de soledad está siempre presente en cada uno de ellos.

El ejemplo más claro es el Coronel Aureliano Buendía, en el siguiente fragmento de la novela se ve reflejado:

“El Coronel Aureliano Buendía apenas si comprendía que el secreto de una buena vejez no es otra que un pacto honrado con la soledad”.

Toda su vida fue un solitario, tuvo momentos de felicidad junto a Remedios Moscote pero, a la muerte de ella, se resigna a “vivir sin mujer”, de cualquier manera no le hace falta, él entiende que no hay forma alguna de huir de la condena que acecha a la familia.

La soledad nacía a causa de la incapacidad de los Buendía por amar, Amaranta, por ejemplo, nunca pudo, por más caballeroso y atento que fuera el pretendiente. Salvo algunas excepciones cuyo amor fue real, sin embargo el destino se encargó de arrebatarles a la persona querida, curiosamente estos casos nunca dejaron descendencia, de resto los Buendía no amaban, las relaciones surgían y se desarrollaban a base de fascinación o incluso empatía.

El desenlace se origina a raíz de la unión de Amaranta Úrsula, hija de Aureliano Segundo y Fernanda del Carpio, con Aureliano Babilonia, hijo de Meme y Mauricio Babilonia, que al no ser reconocido por Fernanda del Carpio, su abuela, se desconocía que llevaba sangre Buendía; no sabían que eran tía y sobrino.

Al ser familia existe la posibilidad de que el fruto de esa unión nazca con cola de cerdo, como se pensaba, y efectivamente así fue.

Cabe preguntarse: ¿Por qué los hijos de José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán no nacieron con cola de cerdo? Personalmente, manejo dos hipótesis: o bien el amor entre Amaranta Úrsula y Aureliano Babilonia hizo la diferencia, o bien estaba destinado que cien años, y sólo cien años tendrían que pasar para que sucediera tal hecho. Pues el castigo para el patriarca y la matriarca era la condena de cien años de inmensa soledad, no tenían permitido amar, por lo que el niño nacido del amor estaba destinado a morir y así acabar con la estirpe.

Es posible considerar ambas tanto falsas como verdaderas, en un mundo donde lo inverosímil resulta natural no es razonable pensar lógicamente.

Melquíades escribió:

 

“El primero de la estirpe está atado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”

 

El primer José Arcadio Buendía pasó los últimos años de su vida atado a un árbol, y el último, el bebé con cola de cerdo es comido por hormigas en el momento que su padre, Aureliano Babilonia, lee los escritos de Melquíades, ambas realidades se encuentran, se desdibujan y retornan a la nada.

Esto sólo demuestra lo inequívoco del destino, pues ya todo estaba escrito por Melquíades y a su vez, por Márquez.

En “Cien años de soledad” la realidad de la historia y la propia realidad se ven entremezcladas, llegando ambas a la destrucción total. Así mismo, en algún momento la humanidad tendrá que llegar a su fin.

Todo vuelve al inicio y nosotros, al igual que Macondo, no podremos escapar del destino. Luego de los conflictos políticos, guerras y masacres, luego de que el pueblo lo supere y siga adelante, que ocurra de nuevo y continúe el círculo. Cuando el egoísmo, la corrupción y la ambición terminen de poseer el alma y destruir la moral humana.

Incluso luego de que el hombre se vuelva insensible y se resigne, creando un armonioso pacto con la soledad – tal cual hizo el Coronel Aureliano – esta realidad será también destruida, volverá a la nada de la cual proviene.

“Al fin y al cabo, algo tuvo que surgir en algún momento de donde no había nada de nada…”

No es casualidad que el último de la estirpe en nacer, el bebé con cola de cerdo, fuera llamado Aureliano, a pesar de la insistencia de su madre por nombrarle Rodrigo, ni es casualidad tampoco que el último Buendía en morir, padre del niño, se llamara también Aureliano. Sobre el nombre recae todo el peso de la soledad, es el mayor representante de la humanidad fuera de la historia, y de toda la estirpe en general.

“Pues las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”

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Continuidad de los parques (Final del juego, 1956)

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Julio Cortázar

Obra del reconocido escritor Julio Cortázar – que forma parte de la recopilación de cuentos “Final del juego”- donde se muestra un punto característico del realismo mágico, algo fantástico: dos realidades que se desarrollan paralelamente y que en algún momento terminarán por juntarse, creando así una tercera realidad.

Es necesario tener presente que el vanguardismo está basado, entre otros tantos movimientos, en el existencialismo, y éste promueve lo abstracto de la vida, aquí no hay Dios, el hombre mismo va creándose una existencia.

De tal manera, es posible percatarse como en Continuidad de los parques el desenlace no es obligatorio, se muestra opcional para el lector (dentro de la historia, es decir, el protagonista), puesto que en el transcurso de su lectura se le van dando pistas – que él omite – pudiéndose salvar de la presunta tragedia final si se hubiese percatado de éstas. Por lo que de cierta forma, él es tanto causante como víctima de su destino.

La metáfora está presente continuamente en la obra; cuando dice, por ejemplo, “Se dejaba interesar por la trama, por el dibujo de sus personajes”, demuestra así como él sólo se fijó en lo exterior, en lo evidente. Así pues, el protagonista se mantiene como un simple testigo, y en su rol de testigo no se involucra, sólo observa cómo se desarrolla todo, sin intervenir nunca. Él decidió su papel en el “juego”: un jugador pasivo, sin saber que con ello marcaba su destino.

Me resulta necesario mencionar que para Cortázar la realidad para el hombre viene dada por la fusión de lo que está fuera y dentro de él. Y esto, a mí parecer, representa la realidad objetiva y subjetiva, en donde la primera es lo que claramente sucede, mientras que la segunda simboliza lo que cada quien percibe.

Pero… ¿Existe realmente la realidad objetiva?, ¿Es posible percatarse con exactitud de ella? La respuesta se hace evidente; si cada quien percibe una realidad diferente entonces nadie puede reconocer la “original”.

Por ello se hace necesario crear un Dios, si el hombre no puede ver lo que realmente sucede en el juego, puesto que forma parte de él, se necesita de alguien que se encuentre fuera, que pueda verlo todo objetivamente y ayude así a los jugadores a salir victoriosos al “final del juego”.

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Leer el cuento aquí: Continuidad de los parques

Cuento Gris (Cuentos de color, 1899)

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Manuel Díaz Rodríguez

En estos cuentos Manuel Díaz Rodríguez muestra una escritura sumamente poética, juega con los colores y las emociones que éstos transmiten. Cada color posee un significado que, junto con el contexto, se van entremezclando, convirtiéndose así en un juego entre sensación, percepción y emoción. Así, el paisaje se ha transfigurado en un “estado del alma”, expresando las emociones de los personajes.

El cuento narra la historia de un médico, vida llena de reproches de parte de quienes pierden a un ser querido a manos del ángel de la muerte, sin que el honorable médico pueda hacer algo por salvarle.

El protagonista realmente no es más que la terrible fiebre palúdica que azota sin piedad el desaventurado pueblo de Cantarena, llevándose consigo infinidad de almas. El médico más joven es quien siempre ejerce en campos y aldeas pobres, y cada vez que una vida se escurre entre sus dedos anuncia a modo de excusa “que la ciencia es menguada y relativa”, con el tiempo el médico se acostumbra a los reproches.

En el relato se encuentra un caso particular, en una casa algo apartada vive una mulata anciana de nombre Paula, junto a sus tres hijos que paulatinamente van cayendo en el profundo pozo del que nadie vuelve. El mayor murió en la guerra, el segundo por disputas en estado de ebriedad , mientras que el tercero es precisamente el caso a contar; el joven y fuerte muchacho presenta indicios de la enfermedad, su madre alarmada llama inmediatamente al médico que, al no percibir ningún peligro, le tranquiliza prometiendo volver al día siguiente, sin embargo, para ese entonces ya el hijo habrá perecido.

En el cuento se menciona repetidamente el hermoso cementerio del pueblo, siendo el mismo pueblo una miseria, por lo que su mayor atractivo es curiosamente el cementerio, presentando este tonos blancos y verdes, con pavimente rojo, tomando en cuenta que los colores son los principales símbolos de este relato podrían estos interpretarse como: el blanco, la inocencia de los fallecidos, el verde, la alegría de dejar atrás el sufrimiento que les otorgaba la vida, la esperanza de encontrarse en un lugar mejor y el rojo la sangre representante de la muerte, del sufrimiento que la enfermedad generó, y el amor de aquellos vivos por los que ya no están. Se menciona la laguna cerca de la casa de Paula como el segundo lugar más hermoso del pueblo, que refleja el crepúsculo, fin de cada día, así como el fin de la vida, y las ranas que ahí cantan entonan una melodía fúnebre.

El ambiente es constante, oscuro y lúgubre, sólo el cementerio y la laguna generan sensación de belleza, sin embargo, son símbolos de muerte. El gris es neutralidad, discreción, quizá resignación al final que depara cada finita existencia. A la muerte del tercer hijo, a Paula comienzan apenas a crecerle flores negras en el pecho , un luto que no había guardado por los otros pues la esperanza le quedaba en el último, lo guardará ahora por los tres , resignándose al poder de la muerte y esperando quizá paciente su propio final.

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